El narcomenudeo es un problema grave en el penal de San Miguel, la cantidad de adictos que están privados de la libertad generan ganancias millonarias y no hay programas que permitan la reducción de la demanda.
Una dosis de droga como las que vende el interno que controla el dormitorio S conocido como “El Maloso” cuesta entre 100 y 200 pesos, los adictos hacen lo que sea por una dosis, lo que incluye involucrar a sus familias.
Y es que los adictos piden fiadas dosis de drogas y si no tienen dinero para pagar entregan los números de teléfono de sus familiares quienes reciben llamadas de extorsión en las que les mandan videos con golpizas a los internos deudores.
Uno de los números desde los que se hacen las extorsiones con terminación 2681 y tiene mucho tiempo funcionando al grado que entre los familiares de internos se lo han compartido para que estén alerta ya que contestarles una llamada se convierte en un infierno.
Las exigencias de la deuda inicial de 100 pesos se pueden convertir hasta en 3 mil pesos y reciben amenazas no sólo de agresiones a los internos, sino de que cómplices en el exterior les harán daño.
Las exigencias económicas se dan incluso varias veces a la semana por lo que los familiares piden a las autoridades su intervención.
En el centro penitenciario no cuenta con programas de rehabilitación, eso se los dejan a algunos grupos de Alcohólicos Anónimos que tienen permisos de dar pláticas en el interior, narraron algunos de los familiares.
El tema se limita a unas pláticas denominadas núcleo familiar, pero no hay un programa de desintoxicación que permita reducir la demanda de drogas.
La reducción de la demanda de drogas es la solución, pues entre la corrupción y la falta de recursos, el estado no tiene la capacidad para evitar la entrada de droga al penal, peor aún, si no permiten el ingreso los adictos podrían poner en riesgo la estabilidad del inmueble.
Por cierto
Un equipo de reporteros que cubrían un incendio en la colonia Lomas de San Miguel fueron agredidos por un grupo de personas frente a elementos de Bomberos y la Policía Estatal que estaban en el lugar y no hicieron nada.
Tal parece que a Humberto Rivera, Subsecretario de Coordinación y Operación Policial no le gusta el trato que le han dado los medios debido a su pésimo trabajo.
El viernes pasado este reportero vivió una situación similar; sin embargo, el lugar estaba custodiado por elementos de la Policía Municipal quienes intervinieron para que no hubiera agresiones y se permitiera el trabajo de la prensa.
