Por Vicente L. Avendaño Fernández.
Amigos lectores, les propongo un ejercicio de reflexión: ¿Por qué siempre tenemos que lamentarnos de nuestras condiciones y responsabilizar a enemigos históricos? Si en verdad este país tuviera una secuencia de personajes honorables y constructores de un proyecto de nación, sería lógico que las condiciones no serían tan lamentables.
Creo que ese discurso de que “Los mexicanos merecemos…” alude a un objetivo populista, ampliamente mencionado por Erich Fromm.
A mí me encantaría que de verdad hubiera un cúmulo de mujeres y varones que se esforzaran por construir un país mejor, pero en la realidad son pocos quienes han emitido ideas o han defendido lo que significa un país, en el entendido que un estado se construye a través de instituciones, no de mitos, leyendas o relatos inventados para compensar complejos, sino para reconocer a quienes verdaderamente creyeron en algo importante para las generaciones futuras.
Decía un káiser alemán que un estadista es quien piensa en la próxima generación y no en la próxima elección, en ese sentido haré una mención de un personaje que merece reivindicarse en la historia porque ofrendó su vida pensando en un futuro mejor.
No cabe duda que la batalla de Chapultepec fue un hecho lamentable, pero hay que analizar esa derrota porque quizá no hemos avanzado mucho desde ese entonces. Recordemos que no todas las entidades federativas contribuyeron a la guerra contra el vecino del norte, en una clara desunión que sigue hasta el día de hoy. Tan solo hay que escudriñar en la historia patria y ver que siempre el interés particular y partidista ha privado sobre lo que es una nación.
Infortunadamente no hay una cohesión y no se puede decir que tenemos una patria unida, prueba de ello es la afirmación de Carlos Monsiváis que señaló que México es un as de fuerzas políticas, sociales y económicas unidas de mala manera, así que es muy complejo decir quien es un patriota y quién es un traidor a la patria, recordando que éste último término ha sido muy utilizado en Latinoamérica para descalificar a los que están en contra de los regímenes autoritarios.
Entrando en el tema. No dudo que los adolescentes y jóvenes que conforman a los Niños Héroes merezcan reconocimiento, me sumo a ello, pero qué sucede con todos los demás cadetes que defendieron la sede del Colegio Militar ese 13 de septiembre, hay nombres que quedaron en el olvido como del de Miguel Miramón, quien apenas tenía 16 años y también sujetó un fusil en contra del enemigo.
En este momento quiero señalar a quien hoy se nombra como el teniente coronel Felipe Santiago Xicoténcatl, un militar nacido en Contla, Tlaxcala que ese día se encontraba al frente de un batallón afuera de la sede del Castillo de Chapultepec. Al frente de aproximadamente 400 hombres se enfrentó a un rival que lo multiplicaba en hombres y con una inferioridad en armamento, sin embargo, esa diferencia no causo temor en el tlaxcalteca, quien repelió, al mando de todos sus hombres, a una fuerza abrumadora, todo en el sentido del deber.
No quiero romantizar el relato de quien hoy se le asigna el grado de coronel, simplemente quiero hacer un ejercicio objetivo y manifestar el mérito que debe ser reconocido a todo hombre que cumplió con su deber y defendió una naciente nación, cuya identidad en ese entonces era muy poco asimilada.
Aparte de eso quiero mencionar que Xicoténcatl debería ser reconocido con el grado de general, debido a los ascensos que con todo mérito obtuvo en batalla previo al 13 de septiembre de 1847, sin embargo, la premura y las circunstancias apremiantes no permitieron que administrativamente se le diera el merecido grado que le corresponde.
Aparte de ello hay algo muy lamentable, sigue existiendo una repulsión al estado de Tlaxcala bajo el mito absurdo de que son traidores, lo cual es algo totalmente equivocado, ya que en ese entonces no existía México y tampoco España, es más, es triste ver esa animadversión a lo hispano debido a que por raza, religión, idioma y costumbres el mexicano es mucho más parecido a lo español que lo mexica, en el entendido que los aztecas fueron sumamente crueles y rapaces con los demás pueblos de Mesoamérica y vivían en un grado inferior de civilidad respecto a los europeos.
Tlaxcala es cuna de la nación y representa un mestizaje que dio origen a nuestro país, desgraciadamente fue relegada del interés nacional debido a ese imaginario equivocado que los señala como traidores y que idealiza equivocadamente a los mexicas.Como una mención de exactitud, quiero mencionar que Felipe Santiago tendría que llevar el apellido Tetlamatzin, que al igual que Xicoténcatl obedece al legítimo derecho de los tlaxcaltecas a conservar su apellido. Debido a circunstancias diversas, el coronel tuvo que usar el apellido con el que es conocido, pero una denominación nominal no interfiere con la grandeza de lo que es un auténtico héroe nacional. Agradezco el apoyo de mi amigo Juan Carlos Tetlamatzin, descendiente directo de Felipe Santiago Xicoténcatl, por su apoyo en esta colaboración y con quien seguramente seguiré apoyándome para dar el reconocimiento que merece este distinguido y magnánimo tlaxcalteca.Al final de cuentas, Felipe Santiago Xicoténcatl no solo representa a Tlaxcala, sino a cualquier mexicano que verdaderamente quiera defender al país, sin populismos ni patrioterismos, porque una nación se construye por las instituciones que forma, alejado de la ilegalidad y el rencor.
Espero que algún día el general ocupe el lugar que merece en la historia.

